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Cleopatra, la última reina de Egipto, la última diosa del celuloide

Hace tan sólo unos días, Elizabeth Taylor, la gata del cine y una de las últimas leyendas de la época dorada de Hollywood, falleció debido a una insuficiencia cardíaca, y como modo de homenaje he querido comenzar mi participación en NadaBueno comentando una de sus películas.

Tengo que reconocer que no ha sido tarea fácil escoger un título entre tantas obras maestras en las que ha participado, pero de todo su legado cinematográfico sin duda uno de los papeles más emblemáticos que interpretó fue el personaje de Cleopatra.

Cleopatra representa el auténtico esplendor Hollywoodiense, y marcó un antes y un después en el séptimo arte, y en la propia vida de la actriz, donde conoció a uno de sus siete maridos y según presumen su gran amor, Richard Burton.

De ser uno de los proyectos más fastuosos de la historia del cine, se convirtió en poco tiempo en uno de los rodajes más caóticos y desafortunados que estuvo a punto de llevar a la quiebra a la poderosa 20th Century Fox, convirtiéndose en la película más cara de la historia, sólo superada hoy en día por -la desde mi punto de vista, sobrevalorada- Avatar.

Cleopatra fue el inicio también de lo que hoy se conoce como el “star system”: hasta ese momento las estrellas del celuloide tenían contratos de por vida con los estudios.

Liz Taylor marcó el camino para que los actores pudieran escoger los personajes que querían interpretar y negociar ellos mismos sus salarios. En su papel de Cleopatra, la actriz recibió la friolera cantidad de un millón de dólares (en 1963) además de un tanto por ciento de los ingresos en taquilla.

Pero hay que reconocer que merecía la pena, no creo que hoy en día, nadie pueda pensar en Cleopatra sin imaginar a Liz Taylor y la inversa. Y es que la actriz, en esta película brilla como en ninguna otra. Una belleza resaltada por un vestuario de lujo, usó más de 65 vestidos durante el rodaje, uno de ellos, el que lleva puesto cuando hace su espectacular entrada en la ciudad de Roma, estaba confeccionado con hilo de oro de 24 kilates.

La entrada en Roma de Cleopatra subida en una monumental carroza en forma de esfinge, es precisamente uno de los momentos más espectaculares, no sólo de la película, si no de la historia del cine. El filme de Cleopatra es una auténtica exhibición de medios, decorados y control de masas al más puro estilo Hollywoodiense. El vestuario, la fotografía, la música y la dirección artística son colosales, sus majestuosos planos reflejan una película grandiosa y pomposa a la vez.

Pero una de las cosas que más me gusta de esta película es que Cleopatra, sabe combinar a la perfección lo grandioso con lo íntimo, gracias en gran parte a su director, Joseph L. Mankiewicz, que se centró en la personalidad de los tres personajes principales, cediéndole casi todo el protagonismo al triángulo amoroso formado por Cleopatra, Julio César y Marco Antonio.

Porque no podemos olvidar que en su esencia “Cleopatra” nos narra la historia de la última reina de Egipto, una figura que cambió el rumbo de la historia. Pero también la de una mujer, que conquistó a dos de los más grandes soldados de Roma, y terminó convirtiéndose en sinónimo de seducción. En definitiva una mujer valiente y ambiciosa, que luchó y amó, que vivió como una Diosa y murió como tal.

Cleopatra es una película inmensa, que cambió la forma de hacer cine y que con el paso de los años ha obtenido su merecido puesto entre los grandes clásicos de la historia del séptimo arte. Por supuesto sólo me queda invitaros a una sesión de buen cine con mayúsculas, a saborear de nuevo o descubrir, si todavía no lo habías hecho, uno de los filmes más controvertidos e interesantes de todos los tiempos. A continuación…

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