
Para muchos, saborear las mieles del éxito es la meta anhelada pero en ocasiones ésta tiene un sabor agridulce. Darren Aronofsky tiene cierta debilidad por lo macabro, en toda su filmografía ha demostrado ser un cineasta fascinado por los conflictos psicológicos, sus personajes siempre van a la deriva y terminan siendo devorados por sus propias obsesiones. En su primera película Pi: fe en el caos (1998), el personaje principal era un matemático obsesionado por descifrar los secretos del número pi. En la brillante Réquiem por un sueño » » » Leer más







